Veréis, como considero que existe algo de confusión con respecto a los Camps de Snowboard, os voy a facilitar alguna pequeña recomendación práctica resultante de mi propia experiencia. Tres o cuatro detalles que debéis tener en cuenta antes de decidiros a participar en ellos, nada más (ni menos).
En general, esta clase de cursos están orientados a adentrarse o progresar en el maravilloso mundo del freestyle (trucos de flat, saltos y jibbing: barandillas y cajones) aunque siempre se refuerza en ellos también la técnica de bajada en pista. Ahora bien, aunque en los camps se establecen diferentes grupos por niveles (mediante una pequeña prueba inicial) debéis saber que para hacer un camp hace falta un nivel mínimo de snowboard. Al menos hay que ser capaz de bajar por las pistas con cierta fluidez (si habéis recibido clases en este sentido, mejor). Si no es así, desaprovecharéis el camp, seguro.
Otra cosa que os aconsejo es que no os generéis expectativas demasiado concretas, es decir, quiero y voy a aprender a hacer este truco o el otro. Algo que me ocurrió a mí y que creo que le pasa a mucha gente. Esto puede ser un poco frustrante al principio. En los camps no se aprende a hacer trucos (a veces sí y depende del nivel de cada uno, claro está) si no que se aprenden, fundamentalmente, las bases del freestyle, la esencia de esta disciplina: empezar a saltar o coger algo más de soltura en pista, en el aire y en los cajones, bajo la dirección y supervisión de los experimentados monitores.
Este punto es muy importante también. Fijaos bien cuando escojáis un camp porque ser un buen rider no es equivalente a ser un buen profesor. Si éstos están titulados, mucho mejor.
Hay algunas escuelas muy experimentadas en este tipo de clases donde poder elegir, con bastantes años de trayectoria, como Landing, Gravedad Cero, Dalton, AEDE, Ungravity, SMK, Coliflor, los Meeting de Fidel Alonso o los que organizan las mismas marcas. De hecho, en el que estuve yo fue un camp organizado conjuntamente por estas dos primeras escuelas teniendo la enorme fortuna de tener como profe al gran Igor Domínguez, toda una eminencia de verdad en este campo. Éstas suelen ser un poco más caras pero el resultado final (es decir, la progresión, que es lo que importa al final) es mucho más positivo, además de incluir otra serie de servicios complementarios (talleres, charlas técnicas, alojamiento, comida y actividades diversas).
Partiendo de la base de que cada vez estoy más convencido de que en cualquier ámbito se avanza siempre mucho más rápido con ayuda profesional, os recomiendo a todos los que queráis mejorar vuestro nivel de snowboard que lo probéis. Os aseguro que, aunque no aprendáis a hacer trucos concretos, es un punto de inflexión, hay un antes y un después.
Hasta otra.




